Una dulce propuesta de valor: ¿magdalena o cupcake?

By 25 agosto, 2017Branding, Marketing Ilustrado
Magdalena y cupcakes: ejemplo de Marketing y posicionamiento

Antes de comenzar, que queden tres cosas claras:

  1. Este post no es un alegato contra las magdalenas.
  2. Tal y como sospechas, la frase “Al final, o eres diferente o eres barato” no la ha dicho un cupcake, sino el gran Guy Kawasaki.
  3. Sí, ya se ha utilizado alguna vez el ejemplo de magdalenas y cupcakes para ensalzar el gran poder del Marketing. Pero nosotros no vamos a hablar de marketing, sino de Branding (hay que ver lo que dan de sí estos dulces).

Y ahora sí, comenzamos.

– ¿Qué es lo que diferencia realmente a una magdalena de un cupcake?

–  Para empezar, puede ser el precio. 

– Sí, ¿pero por qué estamos dispuestos a pagar más por él?

Por la misma razón que no pagamos lo mismo por un café en el bar de la esquina que en el establecimiento “estelar” con Wi-Fi donde te puedes pasar la tarde. Es la experiencia de usuario que se genera en torno al producto. Es lo que ocurre con el cupcake, pues lo asociamos a celebraciones o fiestas especiales, a un café con una amiga que hacía tiempo que no veías…

– También hay diferencia en el producto. 

– Sí, pero si tuvieras que comer dulce todo los días, ¿comerías un cupcake o una magdalena?

Probablemente una magdalena, ¿verdad?

Por eso es estupendo ser una rica y sabrosa magdalena y nada tiene que envidiar al vistoso cupcake. No pasa nada porque sea más barata. La magdalena así lo ha elegido.

Todo es cuestión de enfoque, de la propuesta de valor que cada uno de ellos ofrece; una propuesta de valor que condiciona su posicionamiento de marca y por tanto, nuestra percepción. Hablamos de la razón que das al cliente para que te elija.

Una magdalena es de consumo accesible y cotidiano, un commodity que podríamos llamar “un momento dulce en nuestro día a día”.

Un cupcake, por el contrario, es “el momento dulce de las ocasiones especiales”. No deja de ser una magdalena hecha así misma gracias a la diferenciación, y de su diferenciación, nace su propuesta de valor.

El cupcake no es mejor que la magdalena, y viceversa. Simplemente están en planos distintos en la mente del consumidor.

Aquí está la clave para las marcas: definir y tener clara la propuesta de valor y ser capaces de cumplir con las expectativas del cliente, que al fin y al cabo, es el héroe de la historia.

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